LA EMERGENCIA DESDE EL DESARROLLO
Andrés Durán, Medicusmundi Extremadura
“Medicusmundi envía 320.000 € a INDIA”, se podía leer en la página web de nuestra asociación el día 5 de enero. Eran tiempos de tsunami cuya resaca parece que ya está pasando. La opinión pública necesita a menudo de nuevos desastres que le ayuden a olvidar los antiguos. En estos momentos, el Protocolo de Kyoto toma el relevo de la antorcha olímpica de las reivindicaciones, que tan amablemente le cedió este terrible maremoto. Pero bueno… ésta es otra canción…
Era costumbre pensar en la ayuda humanitaria de emergencia como un campo de las ONG’s independiente al sector del desarrollo. En la región de Kanyakumari (India) de la que hablaba el titular, venía trabajando medicusmundi guipúzcoa desde hace varios años. Su contraparte local, las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, bien instaladas en la zona, habían conseguido construir y gestionar (gracias a los fondos aportados por medicusmundi) un hospital de 150 camas, el Hospital del Pilar, un centro de referencia para una población de 1.800.000 personas.
Por todo ello, bien podemos suponer que su experiencia en la zona y el conocimiento de la misma eran una base fundamental para abordar con el sentido común necesario las consecuencias de aquella gran ola destructiva. Bien distinto habría sido intentar hacer una labor de emergencia en una situación de caos como la que se produjo entonces, sin contar con la confianza de la gente y con el conocimiento del terreno. Pero claro, todos sabemos que todo es posible actualmente, con más o menos dinero...
Hay ciertas zonas que, por motivos naturales, están sistemáticamente expuestas a este tipo de efectos sísmicos. Con lo cual podemos suponer que, si nos limitamos tan sólo a paliar los efectos de los desastres, dentro de un poco de tiempo habremos de actuar nuevamente y poner todos los medios al alcance del bolsillo para curar las terribles heridas causadas por estos absurdos tropezones, más evitables que menos.
Todo esto para decir que, como todas las cosas evolucionan, también se espera de las ONG’s que hagan lo propio. La ayuda de emergencia pierde su sentido cuando no está acompañada de una buena acción de desarrollo (que “ayude”, de verdad, en el tiempo). Por otra parte las ONG’s llamadas “de desarrollo” tienen la obligación, no sólo de prever y de ser conscientes de este tipo de desastres, sino de estar, técnica y profesionalmente, preparadas para afrontarlos. El Desarrollo debe ir acompañado de unos sistemas de prevención de desastres (evitables), para hacer frente a las inevitables catástrofes, ya sean de tipo natural (como en el caso del tsunami) como humano (como cualquiera de las guerras actuales). Y, por otra parte, deben saber crear las estrategias y los simulacros necesarios para estar preparados en caso de crisis.
La gente que trabaja en el terreno durante circunstancias similares a las del maremoto es perfectamente consciente de la marcha atrás para el desarrollo que supone un desastre de estas características. En Honduras, después del ya olvidado huracán Mitch, se dice que se perdieron alrededor de 20 años de desarrollo. Si a esto le sumamos el suntuoso gasto de emergencia que se invirtió a posteriori y el nuevo gasto en desarrollo que se está gastando a partir de entonces, las cuentas se van a unos sinsentidos que, en estos momentos, ni puedo ni quiero calcular.
En resumen, he aquí un par tareas de futuro pendientes para financiadores y para ONG’s:
En primer lugar se debe eliminar la línea que separa a las ONG’s de desarrollo de aquellas que actúan en emergencia. Un verdadero desarrollo debe tomar en consideración, como parte integrante del mismo, la ayuda de emergencia (entendida en sentido lato); la ayuda de emergencia, por otra parte, pierde su razón en cuento tal si tan sólo se limita a un mero parche tras el desastre, sin buscar acciones concretas de desarrollo que puedan evitarlo en el futuro.
En segundo lugar se debe interiorizar la diferencia entre catástrofe y desastre. La incidencia de las catástrofes no siempre tiene que desembocar en un desastre. Las catástrofes no sólo son predecibles sino que son evitables. El Desarrollo, dentro de sus proyectos, tiene la obligación de tener en cuenta un buen sistema (coordinado con las administraciones locales) de prevención de desastres y de simulacros de actuación, en caso de producirse.
De estos dos puntos dependerá, no sólo el valor en el tiempo del trabajo de las ONG’s, sino, obviamente, el propio desarrollo de las comunidades donde realizan día a día su trabajo.
Andrés Durán.
Medicusmundi Extremadura.
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